😈😈😈😈😈Soy enfermera no put@!.. PARTE 9😈😈😈😈😈

¡SOY ENFERMERA, NO PUTA!

Con tal de huir de las brutales sodomías que me pegaba mi esposo, no me pareció tan mala idea, lo platicaría con él y si estaba de acuerdo lo hablaría con la señora y le diría mi decisión al día siguiente, me pidió recoger todos los billetes que le había tirado sobre la cama, fui recogiendo uno por uno, pero el último estaba justo sobre su ingle, con mucho cuidado traté de recogerlo sin tocarle la verga, pero en lugar de eso sucedió lo que menos tenía pensado.
Le agarré la verga y empecé a masturbarlo, él babeaba de gozo, no sé por qué lo hice, tal vez porque habíamos estado hablando de su verga todo el día, subía y bajaba mi mano como si me fuera la vida en ello, me daba placer darle placer, estaba fuera de mí, era como si una fuerza externa me obligara a pajearlo, o por lo menos eso quería pensar yo, aceleré la masturbada pero don Rolo no se venía, entonces le rasqué los huevos con mis uñas largas y un enorme chorro me bañó la cara, pude sentir su sabor delicioso en el segundo que cayó justo en mi boca, con disimulo arrastré mi lengua sobre los grumos de semen al lado de mi boca, él permanecía con los ojos cerrados, yo aproveché el momento para quitarme de la cara el resto de semen que me bañaba y me chupé los dedos con delirio, luego le exprimí la verga con mis manos para sacarle hasta la última gota, lo limpié con mucho detenimiento y luego me fui a asear.
Al volver me dio el sobre y me dijo que cada vez que lo hiciera tendría la misma cantidad, yo me hice la ofendida pero tomé el sobre, no lo podía creer, si lo masturbaba a diario, en una semana ganaría lo que gano al mes como enfermera, no sabía qué hacer.
DON ROLO: Se te ve muy bonita esa tanga roja.
Me quería morir de la vergüenza, así que solo me despedí sin verlo a los ojos, ya mañana tendría tiempo de hablar del asunto, efectivamente la enfermera del turno de la noche era una viejecita que no provocaba ni al más grande de los degenerados.
Esa noche le planteé a mi esposo el cambio de turno y me dio un no definitivo, me dijo que entonces solo nos veríamos los domingos y que él no iba a soportar que su esposa se quedara a dormir en otra cama aunque fuera por trabajo y mil cosas más, a mí no me gustaba pelear con él y solo había una forma de contentarlo… le pedí que me la metiera por el culo, él feliz se desnudó y recibí sometida aquella verguita que hizo estragos en mi cerradito ano, a pesar de su tamaño era muy grande para mi canal trasero, solo pensaba como sería recibir por atrás la verga de don Rolo, en eso estaba cuando sentí bañar de semen todo mi culo, otra vez sentí una alegría culposa, era la manera como me autocastigaba por haber masturbado a mi paciente.
Esa noche soñé con don Rolo, yo llegaba desnuda a su habitación, nos tocábamos, hacíamos un 69 y yo le mamaba la verga mientras sentía como su boca torcida hacía maravillas con su lengua en mi clítoris, luego me cogía delicioso, lo hicimos en todas las poses posibles, luego me puso de perrita y me clavó su verga por mi culo, pegué un grito
ensordecedor, me desperté sudando como si saliera de una pesadilla, mi esposo despertó angustiado, le dije que no se preocupara, que ya había pasado, que se volviera a dormir, pero lejos de eso se levantó y con una toallita me secaba las gotas de sudor, tanta ternura me hacía sentir peor, hubiera preferido que me abofeteara por ser la mujer infiel en que me estaba convirtiendo…

Mi marido estaba cada vez más feliz, pero yo cada vez más atormentada, si supiera lo que hacía en mi trabajo… ni pensarlo ¡Qué horror!… tenía una pequeña molestia en mi ano, pero afortunadamente no sangraba, ese lubricante había hecho maravillas, preparé mis cosas y salí a atender a mi adorado tormento, ese hombre era capaz de llevarme tanto al cielo como al infierno, con él no habían medias tintas, era tormento o placer ¿Qué me depararía el destino este día? No lo sabía pero llevaba mi cosita húmeda… que digo húmeda, iba empapada y aún ni siquiera lo había visto, jamás en toda mi vida me había sentido tan caliente como esa semana.

Me recibió la señora en un negligé vaporoso de color beige, semi trasparente, se veía espectacular, no sé por qué pero sentí celos ¿Qué me estaba pasando? Me dijo que tendría que buscar otra sustituta de noche… (¿Perdón, dijo prostituta?), porque su marido se comportaba como un verdadero degenerado con todas ellas, me preguntó que yo cómo lo aguantaba, tragué saliva y le dije que conmigo era muy respetuoso (Si supiera) Me dijo que había amanecido resfriada y que no iría a trabajar, subió a su habitación al segundo piso y yo la veía subir como a una reina, bamboleaba sus caderas de manera inconsciente pero muy provocativa, debo confesar que la envidié, que monumento de mujer era doña Laura.

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